La columna cervical está formada por siete vértebras que sostienen el cuello y permiten su movilidad. Entre cada vértebra se encuentran los discos intervertebrales, que funcionan como amortiguadores y facilitan el movimiento.
Cuando uno de estos discos se daña o se desplaza de su lugar natural, puede presionar los nervios cercanos y provocar lo que conocemos como hernia de disco cervical.
Síntomas más frecuentes
Los síntomas varían según el grado de compresión nerviosa, pero los más comunes son:
- Dolor en el cuello que puede irradiar hacia hombros y brazos.
- Hormigueo o adormecimiento en brazos y manos.
- Pérdida de fuerza en miembros superiores.
- En casos severos, dificultad para mover el cuello.
Factores de riesgo
Algunas situaciones pueden aumentar la posibilidad de desarrollar una hernia de disco cervical:
- El paso del tiempo y el desgaste natural de los discos.
- Traumatismos o movimientos bruscos del cuello.
- Posturas inadecuadas mantenidas durante mucho tiempo.
- Cargar peso de forma incorrecta.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico se realiza a través de la historia clínica, examen físico y estudios por imágenes como resonancia magnética.
En la mayoría de los casos, el tratamiento comienza con medidas conservadoras:
- Reposo relativo y modificaciones posturales.
- Kinesioterapia y ejercicios de fortalecimiento.
- Medicación para aliviar el dolor y la inflamación.
Si los síntomas persisten o la compresión nerviosa es severa, el especialista puede indicar tratamiento quirúrgico, que hoy en día se realiza con técnicas cada vez menos invasivas.
Recomendaciones para prevenir
- Mantener una postura correcta al trabajar o usar pantallas.
- Evitar cargar peso de manera inadecuada.
- Practicar actividad física regular que fortalezca la musculatura del cuello y la espalda.
- Consultar precozmente ante síntomas persistentes.
